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Los Prisioneros: Sus discos ordenados del peor al mejor

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Por Ignacio De La Maza

¿Existe una banda chilena con una historia más deliciosa que la de Los Prisioneros? Como los Beatles o Fleetwood Mac podrán atestiguar, no hay mejor forma de cimentar tu leyenda que a través de tensiones internas, y el trío (y ocasionalmente dúo) de San Miguel pareció estar desde un comienzo en estado de permanente ebullición.

Igual, toda la interna de Los Prisioneros daría lo mismo si no fueran además la banda fundamental a la hora de capturar la experiencia chilena. Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia son autores de canciones que doblan como segundo himno nacional, de momentos de tanta claridad que su evolución parece ser parte de la historia de todo un país. No hay cancionero criollo que haya resistido el paso del tiempo con la misma lucidez de siempre. Es como si González hubiese visto el Chile que éramos pero también el que íbamos a ser. Su perspicacia sigue siendo escalofriante.

Pero el mayor truco es que hicieron de esto un fenómeno pop, una colección de canciones que te hacen levantar el puño, gritar al cielo y bailar como si nadie estuviese mirando. Es por eso que las nuevas generaciones siguen descubriendo ‘La Voz De Los ’80’ o ‘Corazones’: Hay algo trascendente y atemporal en esta discografía, algo que hace que con cada año que pasa se sienta más necesaria.

El anuncio de que el equipo de la banda reeditará en vinilo ‘La Voz de los ’80’ y el pack ‘Estadio Nacional’, encontramos que es un buen momento para pegarle otro repaso a esta carrera. Sí, es el enésimo, y sí, es difícil hablar sobre la obra de Los Prisioneros porque se podría argumentar que casi todos sus discos son EL definitivo (ya, bueno, quizás no en caso de los álbumes de reunión). Pero en fin, los ordené igual.

Estos son los discos de Los Prisioneros, del ‘menos bueno’ al mejor.

 

6.- Manzana (2004)

‘Manzana’ es el único álbum de Los Prisioneros al cuál no regreso nunca. No es más malo que pegarle a la mamá, como los más alarmistas sugirieron en el 2004 cuando el último disco de estudio de la banda vio la luz, pero sí es por lejos su trabajo más débil. Tras la segunda salida de Claudio Narea, lo que acortó la promoción del eternamente subvalorado ‘Los Prisioneros’ (ya hablaremos de eso), Jorge González y Miguel Tapia se rodearon de músicos de sesión para hacer un álbum que, irónicamente, resultó ser mucho más orgánico que el que registraron con el antiguo guitarrista (aparentemente la principal queja de Narea con el homónimo es que no tenía suficientes guitarras). Sin embargo, González sonaba exhausto a estas alturas, aparentemente agotado por las expectativas que trajo la reunión de la banda más importante de Chile. ‘Manzana’ no carece de sus puntos altos: ‘Eres Mi Hogar’ y ‘Te Amo’ son dos de las mejores baladas de González, pero los intentos por subir los decibeles terminan con riffs tiesos y coros olvidables, como ‘Mr. Right’ y el tema titular. Nadie parece muy feliz de estar haciendo este disco. Un final algo bajo para una agrupación fundamental, pero todo lo que lo precede contiene distintos grados de genialidad.

 

5.- Los Prisioneros (2003)

Durante un buen tiempo, pareció que tanto Los Prisioneros como sus fanáticos quisieron pretender que los discos de reunión de la banda no existían. O sea, hasta el año pasado no se encontraban ni en streaming (ni hablar en formato físico). La remasterización de ambos trabajos sirvió como una vuelta de la victoria para la etapa más subvalorada del trío sanmiguelino, pero por sobretodo para el injustamente ninguneado álbum homónimo. Opacado en su época por una mezcla de expectativas imposibles y la salida repentina (otra vez) de Narea, el tiempo ha sido generoso con ‘Los Prisioneros’, un álbum que combina pasado, presente y futuro para el grupo. Hay himnos de guitarra propulsivos (‘Ultraderecha’, ‘Violencia’), coqueteos electrónicos (‘El Otro Extranjero’, ‘Europa’) y homenajes criollos (‘San Miguel’, ‘Concepción’).  El disco no solo tiene algunas de las letras más ingeniosas y directas de González (‘El Otro Extranjero’ podría haber salido ayer y ser igual de relevante), sino que la banda entera, incluyendo al reacio Narea, suenan revigorizados por estar grabando juntos nuevamente. ‘Los Prisioneros’ es quizás el disco más lúdico de la banda, anclado por un espíritu aventurero que parecía menos interesado en revivir viejas glorias que en explorar genuinamente cómo sonarían Los Prisioneros en el siglo XXI. En ese sentido, misión más que cumplida.

PD: ‘En El Cementerio’ y ‘Mami’ son piezas geniales también, no me dio para meterlo en el párrafo anterior. En resumen: El disco es entero bueno.

 

4.- La Cultura De La Basura (1987)

Ya, aquí la cosa se pone más difícil. Dependiendo del día, el humor y la alineación de Mercurio, cualquiera de los discos entre el lugar 4 y 1 podrían ser considerado como EL MEJOR de Los Prisioneros. Pero bueno, la lista la estoy haciendo yo y hoy ‘La Cultura De La Basura’ se ubica en el puesto número 4. Quizás el trabajo más ambicioso del trío, combinando los múltiples impulsos que habían mostrado hasta la fecha (post punk, reggae, música criolla) y hasta adelantando el melodrama electrónico de ‘Corazones’ en ‘Que No Destrocen Tu Vida’ y ‘Cuando Te Vayas’ (quizás la canción más desgarradora que haya escrito González en una vida de canciones desgarradoras). Es también el álbum más abiertamente político de Los Prisioneros, una crítica sistemática que desmenuza los efectos devastadores del neoliberalismo en la sociedad chilena tras casi dos décadas de dictadura militar. En ese sentido el tema titular, ‘Usted y Su Ambición’ y particularmente ‘Lo Estamos Pasando Muy Bien’ (el mejor momento de Narea en la historia de Los Prisioneros) se alzan como himnos de combate que sacan la voz contra el sistema con una elocuencia que no se había escuchado en la música popular de nuestro país durante los años 80s. Además tiene ‘Poder Elegir’, quizás la mejor y más ambiciosa canción del grupo. Bueno, no por nada éste fue el álbum que transformó en explícita la hostilidad implícita que el régimen antidemocrático sentía por Los Prisioneros, quienes finalmente fueron vetados de múltiples escenarios y censurados en los medios, lo que hizo de ‘La Cultura De La Basura’ su trabajo menos exitoso de la era original. Solo pierde puntos por ser el disco con el sonido más desprolijo de Los Prisioneros, y por lo tanto, el que más se escucha como un producto de su época. Una crítica menor a una obra maestra.

 

3.- Pateando Piedras (1986)

Citando a mi amiga musicóloga Nayive (cuya tesis de Magíster sobre Los Prisioneros puedes leer acá), si ‘La Cultura De La Basura’ es el álbum político de Los Prisioneros, ‘Pateando Piedras’ es el disco social. Desde el título en adelante se adopta una perspectiva de calle, de visiones marginadas y sofocadas por el Chile de los 80s y las promesas falsas sobre un ‘progreso’ que se construyo sobre discriminación y sangre. Es el trabajo más triste de Los Prisioneros (y eso que existe ‘Corazones’), un álbum que nace de la frustración y la desesperanza que surgen tras años de escuchar sobre ‘0portunidades’ que nunca llegaron. Pero también es el disco que ve a Jorge González abriendo su paleta sonora de formas que definirían el futuro de la banda: Ya no solo hay influencias de The Clash, The Specials y The Cars (los pilares de ‘La Voz de los ’80’), sino que aparecen las nuevas devociones a Depeche Mode y Kraftwerk (‘Muevan Las Industrias’), Joy Division (‘Estar Solo’) y New Order (‘Por Favor’). O sea: Es el momento en que Los Prisioneros empiezan a coquetear con la electrónica, un hito que hoy puede parecer una progresión tradicional pero que en 1986 se sintió como un giro radical y atrevido (nada garantizaba que los fans de su propulsivo debut fuesen a aceptar este cambio).  Y bueno, también tiene ‘El Baile De Los Que Sobran’, la canción definitiva del grupo, quizás la composición más lúcida y trascendental que haya salido de estas tierras, y probablemente el himno de estadios más doloroso que se haya escrito. Déjenle a Jorge González transformar un sentimiento de derrota profundo en un canto triunfal. ‘Pateando Piedras’ no es tan consistente como los ‘más mejores’ discos de Los Prisioneros (‘Una Mujer Que No Llame La Atención’ y ‘Exijo Ser Un Héroe’ siguen siendo más curiosas que impactantes), pero es probable que sí sea su esfuerzo más importante.

 

2.- La Voz De Los ’80 (1984)

Detengámonos un rato en la bravura que significa ponerle a tu disco debut ‘La Voz De Los ’80’. Eres una banda de amigos de colegio, apenas alcanzando la mayoría de edad, aprendiendo a tocar instrumentos a medida que compones y grabas, todo esto en medio de una comuna de clase trabajadora en un país oprimido, y tu carta de presentación es una obra titulada como un llamado generacional. Es un nivel experto de construcción mitológica. Tu disco se siente definitivo de su época antes de darle play. Habiendo dicho eso, ninguna declaración de principios podría esconder material deficiente, pero ‘La Voz De Los ’80’ traspasa la confianza de su título a sus canciones. Es uno de los discos debut más seguros de sí mismos en la historia de la música popular. González, Narea y Tapia surgieron con una idea clarísima de lo que querían ser, y lo plasmaron en una colección de canciones trascendente, una mirada al Chile de su era con un nivel de ingenio, lucidez y elocuencia que los hacían sonar como mucho mayores de lo que realmente eran. Pocos artistas han demostrado ser mejores observadores de la realidad criolla que Jorge González, y ‘La Voz de los ’80’ incluye algunas de sus acotaciones más perspicaces sobre la cultura nacional,las cuales entrega con una sonrisa burlona: Si algo eleva a ‘Sexo’ o ‘Latinoamérica Es Un Pueblo Al Sur De Los Estados Unidos’ a niveles estratosféricos es el aparente regocijo del cantante en estar provocando a una sociedad atada por las restricciones políticas, sociales y morales de la dictadura. Pero centrar el éxito de ‘La Voz De Los ’80’ en Jorge González es subvalorar el rol fundamental de Narea y Tapia, en especial de este último, considerando que el baterista le da personalidad y carácter lúdico a todas las canciones. Al final lo que hace de este disco algo eterno es esa química inagotable de tres jóvenes haciendo música con valentía y sueños de grandeza. Difícil superar eso.

 

1.- Corazones (1990)

‘Corazones’ es el mejor disco de Los Prisioneros. Podemos estar en desacuerdo. Está bien que estemos en desacuerdo. Pero bueno, ya está. La lista es así. De alguna manera ‘Corazones’ es el álbum fundamental de la banda y también el menos representativo de su carrera en general. Es esa contradicción la que lo hace trascender a su época, a su sonido, a su contexto y al resto de la obra de los mismos Prisioneros. Por un lado es uno de los trabajos artísticos chilenos más vulnerables y desgarradores que hayan sido editados por una estrella masiva como Jorge González. A veces llega a ser incómodamente sincero. Pero también es un disco maligno, una provocación abierta, una metida de dedo en la llaga con la clara intención de ejercer venganza en todos los responsables por el corazón roto de González, incluyendo, de forma más prominente, al propio Claudio Narea, cuya señora inspiró buena parte del disco (lo que obviamente gatilló la primera y más polémica salida del guitarrista del grupo). Al igual que ‘Blood On The Tracks’ de Dylan, es una obra de desamor y despecho que abarca la complejidad detrás de esos sentimientos, mostrando momentos de crueldad mezquina (‘Por Amarte’, ‘Cuéntame Una Historia Original’, ‘Estrechez de Corazón’) en medio de confesiones tan directas que duelen (‘Es Demasiado Triste’ es casi suicida en su desesperación) y momentos de deseo desatado (‘Amiga Mía’, ‘Con Suavidad’). Tras pasar toda su juventud hablando sobre Chile, González puso el ojo en su propia interioridad en ‘Corazones’, revelando los  anhelos, heridas y neurosis que dominaban su vida privada en su entrada a la adultez. Pero ‘Corazones’ no es un álbum introvertido, ni uno que solo se aprecie a nivel teórico. Es un ecosistema sonoro completo, un universo dominado por sintetizadores tan musculosos y expresivos que en vez de hacer sonar al disco como un producto de su época lo elevan de forma atemporal. Gustavo Santaolalla hace sonar a González y Miguel Tapia (cuyo rol en los arreglos del disco es más prominente de lo que se cree, como también lo fue el de la gran tecladista y bailarina Cecilia Aguayo) como los hombres más tristes en la fiesta, un estado de euforia trágica que solo recalca la tensión al centro de cada tema. Bueno, y además está ‘Corazones Rojos’, que no solo es quizás el tema más furioso de Los Prisioneros, sino que además es la primera y única vez que sonaron como Run DMC (eso es un cumplido). ‘Corazones’ se volvió tan fundamental que hasta el día de hoy sigue inspirando a artistas de almas rotas y acceso a sintetizadores. Nace de un sentimiento de profunda humanidad, de verdades que duelen, de llorar en la pista de baile. Y por eso no pasará nunca de moda.

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