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Bob Dylan: 10 discos para adentrarse en su obra

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Por Ignacio De La Maza

Bob Dylan fue la primera estrella postmoderna de la música. Incluso antes de que acaparara la atención de las revistas y la crítica académica, Dylan era un hombre lleno de contradicciones: Un judío con propensión al cristianismo. Un tradicionalista que se dedicaba casi exclusivamente a innovar. Una estrella magnética que detestaba la atención. La voz de una generación que no quería tener nada que ver con la generación en cuestión. Un hombre con visión de futuro y una cabeza firmemente en el pasado. Un artista cálido y convocante y además un cretino de primera.

En fin, son estas contradicciones las que hacen de Dylan algo fascinante… y un tanto intimidante. El hombre tiene 39 álbumes de estudio, después de todo, y eso es sin contar su eterna ‘Bootleg Series’ que recopila material inédito, o su decena de registros en vivo. Ponerse a escuchar a Dylan puede parecer una tarea titánica y algo agotadora, en especial si se sigue la voz de los círculos intelectuales que se dedican a sobre disecar todos y cada uno de sus movimientos.

Sin embargo, ponerse demasiado teóricos con Dylan es quitarle el carácter convocante a su música. No por nada hay tantos que amamos al sujeto. Meterse en la discografía de Bob Dylan puede ser un ejercicio lúdico y entusiasmante, que además cuenta con el plus de ser una de las obras artísticas más importantes de los últimos 60 años. Para celebrar los 80 años del buen Bob, te ofrecemos una entrada a su repertorio en 10 puntos clave:

 

El disco con los hits tempranos: ‘The Freewheelin’ Bob Dylan’ (1963)

Es casi tonto que este sea el segundo trabajo discográfico de Dylan. Es un acto de bravura: ‘Así de bueno soy’, parece decir con una sonrisita burlona. El debut del músico, recibido con respeto pero cierta decepción por la prensa especializada (que le tenían puesto el ojo como una de las figuras más prometedoras de la escena folk) tenía solo 2 composiciones originales. A cambio, ‘The Freewheelin…’ tiene 11 (de 13), una explosión de creatividad insólita, que solo se hace más sorprendente por el nivel de dichas canciones. Digo, el álbum mete ‘Blowin’ In The Wind’, ‘Girl From The North Country’, ‘A Hard Rain’s a-Gonna Fall’ y ‘Don’t Think Twice, It’s All Right’ como si cada una no fuese candidata a la mejor canción de Dylan. Eso es un nivel de confianza que no debería verse en jóvenes de 22 años. Y todavía no mencionamos las otras joyas: ‘Masters Of War’, ‘Bob Dylan’s Blues’, ‘Talkin’ World War III Blues’ y todas las otras, canciones de guitarra de palo y humor surrealista que desmenuzaban su época mientras que sugerían el venir de una nueva era. Tan bueno que da rabia.

 

El disco que lo cambió todo: ‘Bringing It All Back Home’ (1965)

Pensé en dejar este disco afuera, debido a que cubre territorio similar a los dos siguientes… Pero, pucha, es ‘Bringing It All Back Home’, el verdadero punto de inflexión en la carrera de Bob Dylan. La mitología indica que fue ‘Highway 61 Revisited’ el momento en el que Dylan “se puso eléctrico”, pero es realmente su OTRO disco de 1965 (sí, sacó dos el mismo año, ídolo) el que enchufa la guitarra del buen Bob. De paso, el álbum reconfiguró la forma de pensar y hacer música pop, combinando rock and roll, blues clásico, folclor e incluso la invasión británica en una nueva forma. Y las letras. Vaya letras. Dejando de lado la sátira política de sus antecesores, ‘Bringing It All Back Home’ redobla esfuerzos en el lado más surrealista del cerebro de Dylan. Es el disco de ‘Mr. Tambourine Man’, de ‘Subterranian Homesick Blues’, de ‘Maggie’s Farm’, de ‘It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)’. Un desfile de canciones capaces de cambiarte la vida, básicamente. Como dijo el gran cineasta John Hughes, al escucharlo “de jueves eras una persona y de viernes eras otra totalmente distinta”. Transformador, por decir lo menos.

 

El disco famoso: ‘Highway 61 Revisited’ (1965)

Para volver a un punto anterior: En verdad cualquiera puede sacar dos discos en 1 año. Cualquiera puede sacar dos discos BUENOS en 1 año. Sacar dos obras maestras trascendentales en una misma temporada es ya burlarse de la competencia. Como decía antes, ‘Highway 61’ no es el momento en que Dylan se enchufa la guitarra eléctrica, pero sí es el punto en el que parece dejar atrás cualquier vestigio de su época folk. El sonido se vuelve más corpulento que nunca, sumando banda completa en casi todas las canciones. El órgano eléctrico cobra un rol fundamental. Las letras se vuelven casi exclusivamente poéticas. Y las canciones son de las mejores que tiene: La estampida de bar de ‘Like A Rolling Stone’, el proto cow punk de ‘Tombstone Blues’, el vals siniestro de ‘Ballad Of A Thin Man’. Y bueno, cierra con Desolation Row, parte de la tradición dylanesca de cerrar álbumes con una balada épica, y esta quizás sea su mejor ejemplo: 11 minutos en donde Dylan vuelve a la guitarra de palo para relatar una serie de episodios de paranoia urbana, casi como ‘Taxi Driver’ antes de ‘Taxi Driver’. Después de ‘Highway 61 Revisited’, nadie podía ignorar el talento generacional de Dylan. Ni siquiera los fans puritanos que lo abuchearon por sonar más duro que los Rolling Stones.

 

El disco que es el mejor: ‘Blonde On Blonde’ (1966)

Una cosa es sacar 2 obras maestras en una misma temporada, otra es sacar un álbum al año siguiente que hace que dichas obras maestras suenen como alpargatas viejas. ‘Blonde On Blonde’ es así de bueno. Ni los constantes aplausos y análisis que ha recibido durante décadas erosionan su impacto original (de nuevo, es así de bueno). Dylan había empezado a resentir el énfasis que la prensa y los fanáticos ponían en sus letras (Dylan había empezado a resentir muchas cosas), por lo que se esmeró en reunir a la banda de músicos más talentosos que pudiese encontrar. El resultado es otro acto de bravura: Un álbum doble (en época en donde el formato era novedad) en donde cada composición brilla en un balance perfecto entre letras enigmáticas y sonido colorido, un repaso postmoderno a la música de raíces de los Estados Unidos filtrado bajo el prisma de la mente de Dylan. ‘Blonde On Blonde’ tiene tanto punto alto que parece colección de grandes éxitos: El himno stoner ‘Rainy Day Women No. 12 & 35’, la grandilocuente ‘Visions Of Johanna’, la insólita ‘I Want You’, con sus personajes de circo conviviendo con uno de los coros más románticos de Dylan, ‘Just Like A Woman’, que esconde en su gentileza una de las letras más crueles del cantautor, y ‘Sad Eyed Lady Of The Lowlands’, que el propio Dylan consideró en su momento su mejor canción. Tenía razón. Podría haber dicho lo mismo de todo ‘Blonde On Blonde’.

 

El disco country: ‘Nashville Skyline’ (1969)

Un accidente en moto a pocos días del lanzamiento de ‘Blonde On Blonde’ volvió a cambiar de forma radical la relación de Dylan con el resto del planeta. Tras un doloroso proceso de recuperación, el artista se volvió más recluso y huraño que de costumbre. No solo dejó de dar declaraciones a la prensa, sino que también pareció resentir su propia fama, pidiéndole a su sello que dejara de promocionar sus álbumes y conciertos. También rechazó el rock que lo hizo un éxito transversal, reencontrándose con canciones de instrumentación simple y letras directas. ‘John Wesley Harding’ de 1967 fue el primer trabajo de Dylan en esta etapa, pero ‘Nashville Skyline’ es su destilación más pura. El álbum es tan abiertamente retro que arranca con una reversión de ‘Girl From The North Country’, pero esta vez a dueto con Johnny Cash (mucho antes de que fuese cool grabar con Johnny Cash). El resto es quizás el disco más delicado de toda la carrera de Dylan, de sonido country clásico, melodías simples y aire relajado. Su mayor ambición está en ser un disco increíble pese a la aparente falta de urgencia. A esta edad Dylan no podía fallar, incluso cuando activamente intentaba hacerlo.

 

El disco triste: ‘Blood On The Tracks’ (1975)

… Hasta que falló. El comienzo de los 70s fue difícil para Bob Dylan. Cansado de estar frente al ojo público, se dedicó a lanzar una serie de álbumes desprolijos y antagónicos que casi logran su objetivo de hacer que el mundo lo declarara irrelevante. Si bien esos discos son mejores de lo que su reputación sugiere (‘Self Portrait’ mejora con su versión de ‘The Bootleg Series’, y ‘New Morning’ y ‘Planet Waves’ son encantadores), para 1975 se asumía que Dylan ya había sido. Y bueno, Dylan demostró que no. Y lo demostró con el corazón roto. ‘Blood On The Tracks’ es quizás el disco de divorcio más famoso de todos los tiempos, entendido como una crónica musical de la dolorosa separación entre el cantante y su señora Sara. Y si bien la narrativa disparatada de ‘Tangled Up In Blue’ sugiere más que preocupaciones personales, es cierto que rara vez un artista popular se ha dejado ver más vulnerable de forma tan pública. A diferencia de otros álbumes de quiebre, ‘Blood On The Tracks’ no le hace quite a las emociones más reprochables del desamor, desde furia irracional hasta crueldad mezquina. Pero también hay espacio para ternura, fragilidad y entendimiento. Un trabajo complejo de un artista complejo, acompañado de la música más convocante que Dylan haya puesto en cinta.

 

El disco colaborativo: Desire (1976)

Recibió comentarios dispares en su época, pero ‘Desire’ se ha convertido en un disco regalón para los fanáticos de Dylan. Después de todo, es el que registra en estudio la experiencia colaborativa de su legendaria gira ‘Rolling Thunder Revue’, más un circo ambulante que un show de rock, en donde Dylan se pintaba la cara y sacaba a relucir su lado más teatral junto a los amigos que lo acompañaban en la carretera. Parte de ese espíritu se siente a lo largo de ‘Desire’, en donde el buen Bob se escucha más acompañado y enérgico que de costumbre. De hecho sus composiciones son quizás las más extrovertidas de su carrera: ‘Isis’ estará basada en una búsqueda épica de lealtad entre amantes, pero suena como un himno de bar. ‘Hurricane’ plasmará las injusticias que encerraron al boxeador afroamericano Rubin ‘Hurricane’ Carter, pero es impulsada por la entrega más rabiosa de Dylan y un violín urgente. La banda toca como si no hubiese tiempo para realizar más tomas, y Bob los dirige como una tropa itinerante de gitanos. Nunca volvió a hacer un álbum que se sintiese como viejos amigos teniendo el rato de sus vidas.

 

El disco católico (¡Y bueno!): Slow Train Coming (1979)

El cliché alrededor de Dylan es que se puso malo cuando se reconvirtió al cristianismo. Lo cierto es que su trilogía de álbumes católicos, por más insólitos que se escuchen fuera de contexto, son harto mejores que las entregas mediocres que ensuciarían su discografía a mediados de los 80s. O sea, al menos ‘Slow Train Coming’ es harto mejor. El primer álbum explícitamente religioso de Dylan, ‘Slow Train Coming’ es Antiguo Testamento puro, con el sonido más pulcro del artista hasta la fecha acompañando promesas sobre el fin de los tiempos, castigos bíblicos y el martirio de la fe. Nick Cave lo describió alguna vez como ‘el disco católico más malévolo de todos los tiempos’. También se podría decir que es el mejor disco católico de todos los tiempos.

 

El regreso ‘triunfal’: ‘Time Out Of Mind’ (1997)

Temo que esta lista haga parecer que Bob Dylan no sacó álbumes buenos en casi 20 años. Eso no es así: Infidels de 1983, Empire Burlesque de 1985 y Oh Mercy de 1989 son joyas ochenteras dignas de revisar, pero también son álbumes que aprendes a amar cuando ya te adentraste en su discografía. Por otro lado, ‘Time Out Of Mind’ SÍ fue su primer trabajo de indiscutible genialidad en más de 20 años, al menos desde ‘Desire’. Trabajando junto al productor Daniel Lanois, Dylan montó el regreso triunfal menos triunfal de todos, con una colección de canciones siniestra y espaciosa en donde su voz sonaba más feroz y rasgada que nunca por el paso del tiempo. El hecho de que Dylan casi SÍ se muere poco después de completar la mezcla del álbum solo contribuyó a que este era el álbum moribundo del artista. A más de dos décadas de su lanzamiento, se siente a cambio como uno de sus trabajos más llenos de vida, revigorizado por haberse reencontrado con una musa que aparentemente lo había abandonado. ‘Time Out Of Mind’ es el comienzo de un renacer artístico que mantiene hasta el día de hoy.

 

El disco más reciente: ‘Rough And Rowdy Ways’ (2020)

Nadie podría haber sido culpado por pensar que Dylan pasaría su vejez en piloto automático, y por un tiempo pareció que así sería. Llegó un punto en donde sólo se dedicó a editar álbumes de canciones tradicionales, ofreciéndole al mundo la imagen de Dylan haciendo karaoke de Frank Sinatra (una imagen fantástica, pero no apta para todos los gustos). Sin embargo, ‘Rough And Rowdy Ways’ vino a recordar que Bob Dylan sigue teniendo obras maestras en su cabeza. De hecho, es fácilmente uno de sus mejores álbumes, quizás el mejor disco editado por un hombre de 79 años. ‘Rough And Rowdy Ways’ parece ser el disco de veterano de Dylan, una exploración nostálgica y postmodernista de sus 60 años de carrera, mezclando a modo caleidoscopio el blues de antaño, el folk, el rock, la psicodelia e incluso la música ambient en uno de sus trabajos más íntimos. Quizás ninguna pieza demuestre más que Dylan sigue operando a un nivel inigualable que ‘Murder Most Foul’, que se suma al ranking de los mejores cierres épicos en la discografía del cantautor con un relato que toma el asesinato de John F. Kennedy para hacer una surrealista reconstrucción de los años 60s, y finalmente terminar como una reflexión asombrada sobre el poder del paso del tiempo. Si este llegase a ser su último disco (y por el amor de todo lo que es bueno, ojalá no lo sea), sería una despedida perfecta para una de las carreras más fascinantes de la cultura popular.

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