Noticias

Reconstruyendo Japón: A 10 años del desastre de Fukushima

Imagen principal

La palabra Tsunami es una palabra de origen japonés, que se forma de la unión por dos términos: “Tsu“, que significa “puerto” o “bahía”, y “nami”, es “ola”. Precisamente eso fue lo que ocurrió el día 11 de marzo de 2011 en la región de Tohoku al frente de la costa de Honshu, a 130 km al este de Sendai, en la prefectura de Miyagi, luego de que la tierra se remeciera con una magnitud de 9.1º en la escala de richter; el segundo terremoto más fuerte de la historia.

Todo esto ocurría hace 10 años atrás, un 11 de marzo del año 2011, a las 2:46 p.m hora local, en un día laboral que quedó en la memoria del mundo. Tras el terremoto, las olas de un mínimo observado de 4 metros, azotaron las costas de Japón, y también de otros países del mundo, donde incluido Chile también se levantaron diferentes alarmas de Tsunami.

Uno de los momentos impactantes fue cuando se logró observar una ola de 10 metros de altura cerca del aeropuerto de Sendai, en la Prefectura de Miyagi, muy cercano a donde fue el epicentro. Este, quedó inundado con muchas olas ​que en cosas de minutos hicieron parecer a las estructuras, como si estuviesen construidas en base a papel.

Japón el 11 de marzo fue sobrepasado por que pensaban que comprendían los escenarios de riesgo y de peligro, y en rigor subestimaron la realidad y no supieron leer ni entender la amenaza sísmica. Erraron en todo sentido, en interpretación de datos, en accionar y también en la manera de leer a la naturaleza, que nos puede sorprender en cualquier momento“, comenta el Director en Jefe del departamento de Geografía Física de la UC, Marcelo Lagos.

 

El desastre nuclear

“Japón tenía antecedentes históricos y trabajo científico pero lo subestimaron y lo obviaron. El 11 de marzo comprobaron que lo poco probable no es imposible, señala Lagos.

Para el momento del terremoto, Japón contaba con 54 reactores nucleares, dos en construcción y 17 centrales eléctricas, que producían aproximadamente el 30% de la electricidad de Japón, según información de la IAEA en 2011.

Una de ellas, la central nuclear de Fukushima, operada por la empresa Tokyo Electric Power Company (TEPCO), mantenía activos 6 reactores de agua en ebullición construidos entre los años 1971 y 1979. Lamentablemente un error de diseño en la estructura de la planta nuclear, hizo que el agua del tsunami entrase con toda su fuerza y produjera la explosión.

“Estuve en la oficina del gerente General de la central nuclear que explotó, y lo primero que hizo fue pedir disculpas a los presentes y al mundo, por el error que cometieron. Siguen haciendo un mea culpa gigantesco”, cuenta sobre su visita a Japón, Marcelo Lagos.

¿Cómo ocurrió? Los reactores 1,2 y 3 se encontraban operando, mientras que los 4,5 y 6 estaban inactivos al momento posterior y anterior al terremoto y el tsunami. Al no contener un dique adecuado para una eventual emergencia, el agua inundó parte de los reactores y generó un verdadero dominó de fallos tecnológicos y técnicos, terminando con la pérdida completa de control sobre la central y sus reactores.

 

La estructura “E” es el dique que debía proteger ante un eventual Tsunami.

Tras estos incidentes comenzaron a surgir evidencias de una fusión del núcleo parcial en los reactores 1, 2 y 3. Dentro de las siguientes 72 horas , la pérdida de generación eléctrica y posteriormente, diferentes explosiones que comenzaron a liberar radiación.

La reconstrucción y descontaminación de un sitio sobrepasado

Los daños materiales causados por el terremoto y el tsunami se cifran por parte de la Japan Reconstruction Agency en un monto cercano a los 25 billones de yenes (unos 300.000 millones de dólares).

Según datos del gobierno Japonés, la reconstrucción se realizó de manera eficaz y rápida. Para el año 2013 gran parte del área inundada a causa de esta catástrofe natural ya había sido reparada y re acondicionada para otras funciones.

 

 

En cuanto a los efectos causados por el accidente nuclear es importante recalcar la suerte que corrieron debido a los vientos en la zona, ya que a diferencia de lo ocurrido en Chernóbil, la nube radioactiva logró disiparse hacia el océano pacífico norte, dejando una pequeña parte de radiación (casi nula) en tierra. De hecho, sólo un caso se ha registrado como muerte relacionada a la radiación, donde una persona con cáncer falleció años después.

El proceso de descontaminación de las tierras afectadas se dio de a poco y con una inversión gigantesca, que según datos del gobierno Nipón, es la más grande realizada en conjunto con la de reconstrucción en la historia de ese país, después de las bombas en Hiroshima y Nagasaki. Las intervenciones en la tierra, donde intentaron remover y re acomodar capas contaminadas funcionó mejor que lo esperado, pero sin embargo miles de áreas de cultivos de vieron completamente dañadas.

Desde ese 11 de marzo de 2011 Japón -o al menos la prefectura de Fukushima– cambió para siempre su forma de ver las catástrofes naturales. Pasaron de una extrema confianza y subestimación a una sobre estimación y desconfianza en todo sentido. Los edificios donde al menos 15 893 fallecieron, 6152 terminaron heridos y 2556 no fueron encontrados nunca más, fueron re acondicionados en sus estructuras y reconstruidos desde cero.

Un país pionero en investigar este tipo de fenómenos se confió, y por lo mismo sufrieron las consecuencias del segundo terremoto más grande de la historia. “Lo medular, que se puede tomar como espíritu, es que Japón, potencia mundial en investigación de terremotos y tsunamis en el mundo, fue completamente sobrepasado. La naturaleza siempre nos puede sorprender”, finaliza Lagos.