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Salud mental en la educación superior: cómo prevenir, detectar y acompañar

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El ingreso a la educación superior coincide con una etapa de importantes cambios en la vida de los jóvenes. A las nuevas exigencias académicas se suman los desafíos de adaptación social, la incertidumbre económica y, en muchos casos, el alejamiento de las redes familiares y de apoyo. Un conjunto de factores que puede tener un impacto significativo en su salud mental y bienestar emocional.

En Chile, el primer diagnóstico nacional sobre salud mental en la educación superior, presentado por los ministerios de Educación y Salud en 2022, reveló que el 65,4% de las instituciones contaba con unidades de salud mental, mientras que solo el 56,1% disponía de protocolos para la detección o respuesta ante estas situaciones.

Frente a este escenario, instituciones como Santo Tomás han desarrollado distintas iniciativas de acompañamiento y prevención, que incluyen atención psicológica, derivaciones, talleres, capacitaciones en primeros auxilios psicológicos y formación de gatekeepers: personas preparadas para reconocer señales de alerta y activar redes de apoyo.

Sin embargo, la prevención de los problemas de salud mental no es una tarea exclusiva de los profesionales de la psicología. También requiere la participación activa de docentes, funcionarios administrativos, compañeros y redes externas, capaces de identificar señales de alerta y contribuir a generar espacios de contención y acompañamiento.

En este contexto, cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha establecida en 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), que busca generar conciencia, promover la prevención y reforzar la importancia de construir redes de apoyo.