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De Nepal a Chile ¿Puede un fenómeno natural puede desatar una cadena de desastres?

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El 26 de agosto, una enorme masa de hielo y roca se desprendió de una montaña en el distrito de Rasuwa, en el norte de Nepal, cerca de la frontera con el Tíbet. El colapso generó un violento flujo de agua, hielo, sedimentos y escombros que descendió por el valle a gran velocidad, recorriendo más de 80 kilómetros y destruyendo poblados e infraestructura.

Durante las primeras horas, el evento fue interpretado como un posible terremoto. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos determinó posteriormente que la señal sísmica había sido provocada por el propio colapso de la montaña: no fue un terremoto el que desencadenó el desprendimiento, sino el desprendimiento el que generó una señal equivalente a un sismo de magnitud 5,2.

Estos episodios permiten entender el concepto de peligros en cascada, que ocurren cuando un evento inicial desata una cadena de sucesos que transforman y aumentan el desastre, y Chile tiene varios ejemplos para conocer esta dinámica.

El caso más conocido es el llamado Riñihuazo, ocurrido después del terremoto de Valdivia de 1960. Los grandes deslizamientos provocados por el terremoto bloquearon la salida del lago Riñihue hacia el río San Pedro, haciendo que el nivel del agua comenzara a elevarse y generando el riesgo de una nueva inundación sobre una zona que ya había sido profundamente afectada por el terremoto y el tsunami. La respuesta humana permitió intervenir esa cadena de acontecimientos mediante una enorme operación destinada a abrir canales y favorecer una descarga progresiva del lago.

Existen otros ejemplos que muestran que estos peligros no están restringidos a los terremotos. En 1907, una erupción en el Campo Volcánico Carrán–Los Venados produjo materiales volcánicos y lava que obstruyeron el río Nilahue, formando un lago temporal. Dos meses después, la barrera cedió y generó un lahar que recorrió el valle hasta el lago Ranco. En la zona central, el desastre de Parraguirre de 1987 constituye otro caso especialmente ilustrativo: una gran masa de roca y hielo colapsó en la alta cordillera y se transformó durante su descenso en un enorme flujo de detritos.

La pregunta que deja abierta el caso de Nepal es si Chile comparte las condiciones para que algo similar vuelva a ocurrir. Y en varios sentidos, sí: glaciares en retroceso, laderas inestables, lagunas de origen glaciar y una elevada actividad sísmica son ingredientes que Chile comparte con el Himalaya. La Patagonia concentra una parte importante de estos escenarios debido a su gran cantidad de glaciares y lagos glaciares. La zona central tampoco está completamente ajena a estos procesos: sectores como el Cajón del río Colorado y el entorno del río Olivares concentran atención científica por la presencia de glaciares colgantes, lagos glaciares y posibles inundaciones repentinas. Al mismo tiempo, el retroceso de glaciares puede modificar las condiciones de las montañas y favorecer la formación de nuevas lagunas, algunas de las cuales pueden no estar incorporadas todavía en los registros de riesgo.

Esto no significa que Chile enfrente necesariamente un escenario equivalente al de Nepal, pero sí que el país cuenta con las condiciones geológicas para que un evento inicial —un sismo, una erupción, el colapso de una masa de hielo— derive en una cadena de procesos que amplifique sus efectos. Comprender lo ocurrido en Rasuwa, entonces, no es solo conocer un episodio lejano, sino contar con una referencia concreta para fortalecer el monitoreo y la capacidad de identificar e interrumpir oportunamente estas cadenas en el territorio nacional.