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Aumento de estudiantes con discapacidad en la Educación Superior: ¿Cómo se están adaptando las instituciones a esta realidad?

Según la Organización Mundial de la Salud, cerca de 1.300 millones de personas, equivalente al 16% de la población mundial, viven con una discapacidad relevante, una cifra que crece debido al envejecimiento poblacional y el aumento de enfermedades no transmisibles. Este grupo es altamente diverso y enfrenta desigualdades profundas en salud, educación y oportunidades debido a barreras estructurales: capacitismo, estigmas sociales, discriminación, falta de accesibilidad y ausencia de ajustes razonables que limiten su autonomía y participación.

En Chile, el CENSO 2024 determinó que el 11,1% de la población (1.950.388 personas de cinco años o más) presenta discapacidad, porcentaje consistente con el III Estudio Nacional de Discapacidad 2022 (11,2%). Las brechas son también territoriales: mientras regiones como Ñuble, Maule y La Araucanía superan el 13%, zonas urbanas como Antofagasta y Metropolitana presentan cifras significativamente menores.

En este contexto, el país ha desarrollado un marco legal robusto, encabezado por la Ley 20.422, que garantiza igualdad de oportunidades, accesibilidad y diseño universal, además de crear el Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS). A ella se suman políticas de inclusión laboral (Leyes 21.015 y 21.690), normas contra la discriminación (Ley 20.609, más conocida como Ley Zamudio) y otras medidas específicas que se alinean con la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad

Inclusión en la educación superior

El aumento de estudiantes con discapacidad en la educación superior refleja un avance significativo hacia una sociedad más inclusiva y respetuosa de los derechos humanos. Según datos oficiales del Servicio de Información de Educación Superior (SIES), las matrículas de personas con discapacidad alcanzaron las 16.953 en 2025, creciendo un 25,8% respecto de 2021. Este crecimiento no significa necesariamente que existan más personas con discapacidad que antes, sino que más personas están encontrando oportunidades reales para acceder, permanecer y proyectarse en la educación superior gracias a mejores políticas, apoyos institucionales, accesibilidad y reconocimiento de derechos. 

A pesar de estos avances, las personas con discapacidad representan solo el 1,16% de la matrícula total del sistema de educación superior, lo que evidencia que aún persisten brechas importantes de acceso, permanencia, titulación y empleabilidad. El desafío actual ya no es únicamente lograr el ingreso a las instituciones, sino asegurar trayectorias educativas completas que permitan a los estudiantes participar plenamente, egresar y acceder a empleos de calidad. 

Iniciativas Santo Tomás

Santo Tomás entiende la inclusión como un componente central para la integración social, y ha desarrollado estrategias con foco en acompañamiento y permanencia. Entre ellas destaca el Programa de Mentoring Inclusivo para Estudiantes en Situación de Discapacidad de primer año, impulsado por la Dirección General de Pregrado/Dirección Nacional de Procesos de Enseñanza-Aprendizaje. Este programa apoya a estudiantes en su transición a la educación superior mediante orientación académica, social y administrativa, y cuenta con 87% de nivel de satisfacción por parte de los alumnos, 

El sistema funciona en todas las sedes a través de los Centros de Aprendizaje y Jefaturas de Carrera, con mentorías ejercidas por estudiantes de cursos superiores. Es flexible en modalidad (presencial y virtual), atiende necesidades específicas y busca reducir brechas de adaptación que afectan de manera desproporcionada a estudiantes con discapacidad.

Cabe destacar que, en 2026, la matrícula de estudiantes con discapacidad en Santo Tomás aumentó un 58%, contando con más de 2200 alumnos de Arica a Punta Arenas.