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Baja natalidad en Chile: ¿por qué las nuevas generaciones tienen menos hijos?

Chile atraviesa un profundo cambio demográfico, marcado por una sostenida disminución de los nacimientos y una baja en la cantidad de hijos que tienen las nuevas generaciones. Según cifras provisionales del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en 2025 la tasa de fecundidad llegó a 0,99 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 considerados como referencia para el reemplazo generacional. A esto se suma el aumento en la edad promedio en que las mujeres tienen hijos, que pasó de 27 años en 1993 a 30 años en 2025.

Para comprender este fenómeno, Carlos Mellado, coautor del estudio Family and the Value of Children: Reproductive Decisions in Chile, junto a Verónica Gómez-Urrutia y Felipe Tello-Navarro, aborda las razones que están detrás de las decisiones reproductivas en el país.

Uno de los principales hallazgos apunta a que tener menos hijos no necesariamente significa un menor interés por formar una familia. La maternidad y la paternidad siguen estando asociadas a la felicidad, el desarrollo personal y la responsabilidad, pero hoy existen múltiples factores que condicionan esa decisión. Entre ellos destacan el costo de la vivienda, la alimentación y la educación, además de la necesidad de contar con estabilidad económica y tiempo para la crianza.

También influyen las dificultades para compatibilizar el trabajo con la vida familiar, la falta de redes de apoyo y los cambios culturales que han transformado la manera de entender la pareja, el matrimonio y la decisión de tener hijos. En este escenario, las familias más pequeñas aparecen como una alternativa que permitiría entregar más tiempo, recursos y atención al bienestar de cada niño.

La dimensión de género también es relevante: las mujeres enfrentan mayores costos asociados a la maternidad en sus trayectorias laborales, autonomía económica y proyectos personales, lo que puede influir en la decisión de postergar o reducir la cantidad de hijos.

Así, uno de los principales desafíos que plantea esta investigación es comprender la distancia que puede existir entre el deseo de tener hijos y las condiciones reales para hacerlo. Una transformación que no solo tiene consecuencias en la vida familiar, sino también importantes implicancias para el futuro del país, su mercado laboral, el sistema de pensiones, la salud y las políticas de cuidado.