Mes del Corazón: prevención, factores de riesgo y cuidado de la salud cardiovascular
18 de Agosto de 2026 benjaminperez
Cada agosto, el Mes del Corazón permite volver a poner en el centro de la conversación la prevención de las enfermedades cardiovasculares. La relevancia del tema se mantiene: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en el mundo. En Chile, las enfermedades del sistema circulatorio también ocupan el primer lugar entre los grandes grupos de causas de muerte: durante 2023 se registraron 31.149 defunciones por esta causa, equivalentes al 25,5% del total. (INE, 2026).
La prevención cardiovascular suele concentrarse en indicadores ampliamente conocidos, como la presión arterial, el colesterol, la glicemia, el tabaquismo o el peso corporal. Sin embargo, se ha planteado ampliar esta mirada e incorporar la capacidad cardiorrespiratoria como un elemento relevante dentro de la evaluación integral de la salud. Esta capacidad refleja la eficiencia con que el organismo transporta y utiliza oxígeno durante el ejercicio y puede expresarse, entre otras formas, mediante el consumo máximo de oxígeno (VO₂máx.).
Esta propuesta adquiere especial interés porque la capacidad cardiorrespiratoria no es una condición estática. La evidencia recogida por la American Heart Association señala que la aptitud cardiorrespiratoria es un marcador independiente del riesgo de mortalidad cardiovascular y por todas las causas, y que puede aportar información adicional a los factores de riesgo tradicionales. Además, puede mejorar mediante la actividad física regular, lo que la convierte en un indicador susceptible de intervención.
Por lo tanto, el desafío es cambiar la forma en que se entiende el ejercicio. Más que asociarlo exclusivamente con objetivos deportivos o estéticos, la actividad física puede abordarse como una herramienta de prevención de enfermedades crónicas y de mantención de la autonomía a lo largo de la vida. Caminar, subir escaleras, desplazarse en bicicleta o incorporar ejercicios de fuerza son ejemplos de acciones que pueden contribuir a mejorar la condición física y la salud cardiovascular.
Las recomendaciones internacionales también apuntan en esta dirección. La OMS señala que los adultos deberían realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. La organización enfatiza que cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna y que quienes son inactivos pueden comenzar con pequeñas cantidades e incrementar progresivamente la frecuencia, duración e intensidad.
Sin embargo, la responsabilidad de cuidar la salud cardiovascular no recae únicamente en las personas. La posibilidad de mantener hábitos saludables también depende de contar con entornos que faciliten la actividad física y el autocuidado. Espacios públicos seguros, ciudades que favorezcan los desplazamientos a pie o en bicicleta, lugares de trabajo que promuevan pausas activas y condiciones que faciliten el acceso a la actividad física son elementos que pueden contribuir a construir comunidades más saludables. En este sentido, la prevención cardiovascular requiere también de un entorno que permita transformar las recomendaciones en hábitos sostenibles en el tiempo.
Así, el Mes del Corazón representa una oportunidad para fortalecer una mirada preventiva de la salud cardiovascular, incorporando junto a los controles tradicionales la evaluación de la capacidad cardiorrespiratoria. Mejorar esta condición mediante la actividad física no solo contribuye a reducir riesgos, sino también a mantener la autonomía, el bienestar y la calidad de vida a lo largo de la vida.