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Nuevo informe global de la FAO revela los desafíos para la alimentación saludable en Chile

El más reciente informe global de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reveló que 645 millones de personas padecieron hambre en el mundo durante 2025, lo que representa un 7,8% de la población global. Aunque esta cifra refleja un avance paulatino frente a los 688 millones registrados tras el impacto de la pandemia en 2022, el organismo internacional advirtió que factores como los conflictos armados, la crisis climática global y la persistente inflación en el precio de los alimentos amenazan con estancar los progresos en materia de seguridad alimentaria.

El panorama regional muestra profundas brechas de equidad. En América Latina y el Caribe, un 22,9% de los habitantes enfrentó inseguridad alimentaria moderada o grave en 2025. En este escenario, Chile destaca de manera alarmante en las métricas económicas del acceso a los alimentos: el costo promedio de una dieta saludable en el país alcanza los US$5,65 diarios por persona. Esta cifra ubica a Chile como el tercer país con la alimentación saludable más costosa de Sudamérica —solo por detrás de Guyana (US$7,02) y Surinam (US$5,94)—, superando ampliamente a vecinos regionales como Bolivia (US$5,38), Paraguay (US$5,31), Colombia (US$5,04), Brasil (US$4,89), Uruguay (US$4,54), Perú (US$4,45) y Ecuador (US$3,66).

El impacto económico de estas cifras se traduce directamente en barreras de acceso social para las familias chilenas, donde un 36,8% de la población se ve imposibilitada de financiar una dieta equilibrada y nutritiva. Esta restricción económica perpetúa la coexistencia de dos graves problemas de salud pública: por un lado, Chile registró a 700 mil personas en situación de inseguridad alimentaria severa entre 2023 y 2025; por otro, la falta de acceso a alimentos frescos y de calidad empuja al consumo de productos ultra procesados de menor valor y alta densidad calórica, contribuyendo a que el país contabilizara 6,3 millones de adultos con obesidad durante 2024.

A nivel global, cerca de 2.690 millones de personas —casi una de cada tres personas en el planeta— no pueden costear una alimentación saludable, una barrera que se ha agudizado tras registrarse un incremento del 25% en el costo de los alimentos nutritivos en los últimos cinco años. Esta paradoja de la malnutrición por exceso y defecto expone la urgencia de abordar la alimentación no solo desde la disponibilidad de alimentos, sino desde las políticas de salud pública, la educación nutricional y la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios.

En este contexto, la nutrición y la dietética adquieren un rol estratégico para comprender cómo las familias pueden navegar estas restricciones presupuestarias sin sacrificar el aporte nutricional indispensable para la salud. La promoción de entornos alimentarios saludables, la revalorización de alimentos locales de bajo costo, pero alto valor nutritivo, y la implementación de estrategias educativas desde la primera infancia resultan fundamentales para mitigar los efectos del encarecimiento de la canasta básica en los hogares más vulnerables.

Frente a esta realidad, resulta imprescindible analizar cómo la formación académica y profesional en el área de la salud puede responder a estos desafíos contemporáneos. Las intervenciones en nutrición comunitaria, el diseño de guías alimentarias adaptadas a la coyuntura socioeconómica y el fortalecimiento de la atención primaria de salud son herramientas clave no solo para prevenir la obesidad y las enfermedades no transmisibles asociadas, sino también para promover un acceso equitativo, informado y sostenible a una mejor calidad de vida en el país.