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Infraestructura hídrica bajo presión: la crisis del agua durante las emergencias en Chile

Durante la última década, distintas regiones del país han experimentado interrupciones de servicios básicos producto de lluvias intensas, aluviones, aumento de la turbiedad de los ríos, desbordes e inundaciones.

En un escenario donde el cambio climático incrementa la frecuencia e intensidad de eventos extremos, las empresas responsables de servicios esenciales enfrentan el desafío de anticiparse a los riesgos mediante inversiones preventivas, planes de contingencia y mayor resiliencia operacional. El último episodio fue la interrupción del suministro de agua potable que afectó a miles de habitantes tras los intensos temporales registrados en la Región de Coquimbo, pero no constituye un hecho aislado.

Entre los principales casos se encuentran los de la Región Metropolitana y episodios de alta turbiedad en los ríos Maipo y Mapocho los cuales provocaron reiterados cortes preventivos de agua potable para millones de personas abastecidas por Aguas Andinas. Estos eventos impulsaron inversiones en infraestructura de respaldo —como estanques de seguridad y refuerzos en la red— orientadas a aumentar la autonomía del sistema frente a emergencias.

Los aluviones registrados en Atacama en los años 2015 y 2017, y los sistemas frontales recientes evidenciaron la fragilidad de la infraestructura sanitaria frente a crecidas extraordinarias. Las lluvias en zonas desérticas provocaron daños en redes de agua potable, aislamiento de localidades y dificultades para mantener el abastecimiento continuo.

Las regiones del centro-sur presentan una realidad distinta: abundancia de precipitaciones, pero una infraestructura expuesta a inundaciones, desbordes de ríos, socavones y remociones en masa que afectan caminos, plantas de tratamiento y redes de distribución. Durante los recientes sistemas frontales, SENAPRED debió decretar múltiples alertas por crecidas de cauces y evacuaciones preventivas.

Especialistas coinciden en que Chile enfrenta un escenario climático caracterizado por una mayor variabilidad: largos períodos de sequía alternados con lluvias extremadamente intensas concentradas en pocos días. Esto implica que la infraestructura diseñada hace décadas bajo parámetros históricos puede resultar insuficiente para responder a eventos cuya frecuencia e intensidad han aumentado.

Desafíos para mitigar la emergencia
El desafío para ya no consiste únicamente en administrar la escasez hídrica, sino también en preparar la infraestructura para soportar eventos extremos como crecidas repentinas, alta turbiedad de ríos, aluviones e inundaciones.
Desde una perspectiva de política pública y desarrollo territorial, esta problemática permite abordar:
* La adaptación de infraestructura crítica frente al cambio climático.
* Una gestión preventiva del riesgo de desastres.
* La seguridad hídrica y continuidad operacional de servicios básicos.
* Innovación e ingeniería para infraestructura resiliente.
* Formación de profesionales y técnicos especializados en gestión de recursos hídricos, construcción resiliente, mantenimiento de infraestructura y gestión de emergencias.
* Colaboración entre Estado, empresas, academia y comunidades para fortalecer la resiliencia territorial.